UN PORTEÑO MÁS

Mi nombre es Salvador Romero y viajo. Ahora estoy en camino para ir a recorrer el río Amazonas hasta la desembocadura. Aquí plasmo mis sensaciones y las acompaño con alguna foto, sin más ánimo que el de compartir mi experiencia. 
El jueves hubo huelga de transportes en Buenos Aires, sobre todo del subte (metro) y colectivos (autobuses), por lo que el centro estaba bastante desangelado. Arranqué a caminar por mi querida calle Florida y paré a comprar tres empanadas por un total de 1.800 pesos, unos 1,8€. Es increíble, que cambié euros a 1.020 pesos y ahora están a 1.070. Hace 10 años, cambié a entre 8 y 9 pesos. Seguí caminando hasta la plaza de Mayo, donde se encuentranla casa rosada, el cabildo y la catedral y allí, frente al palacio presidencial me comí las empanadas.
Las calles de Buenos Aires pueden tener números que llegan fácilmente al 2.000 o al 3.000. Desde nuestro punto de vista, tenemos la impresión de que son larguísimas, pero ocurre que se saltan números. La primera cuadra tiene del 1 al 100, pero la siguente, aunque el último fuera el 15, tiene del 101 al 200 y así sucesivamente. Faltan números, sí, pero se pueden calcular las distancias por la numeración, pues las cuadras miden poco más de 100 metros.
Con esos pensamientos en la cabeza y aprovechando el sol que hacía, fui caminando hasta Puerto Madero, un antiguo puerto de la ciudad, reconvertido en barrio lujoso, por donde es muy agradable pasear junto al río Dique, que está lleno de bares y restaurantes con terraza a ambos lados. Crucé por el puente de la mujer, hecho por Santiago Calatrava y donado a la ciudad por un emigrante español agradecido a la prosperidad que adquirió en la ciudad. Volví a casa para cambiarme. Esa noche cenaba en un icono de la gastronomía porteña, Don Julio.
Sé que es un lujo en un viaje como éste, ir al restaurante más afamado, pero era ahora o quién sabe cuándo volveré. Al ser recibido en el restaurante, pensé seriamente que me habían confundido con algún famoso o autoridad. Me diieron una copa de cava y me dijo un camarero que lo acompañara. Me llevó a la bodega, en el sótano y además de mil explicaciones, me dio a catar tres vinos diferentes. Estuve a punto de decirle que se había equivocado, pero seguí la corriente. Después me enseñó, junto a los parrilleros, los diferentes cortes de carne y me acomodó en la mesa. Me invitaron a una cecina de vacío marinada en limón y aceite y a una palta (aguacate) a la parrilla y constantemente, mientras cenaba, vino el sumiller a darme a probar varios vinos. No sé por qué, pero el trato fue súper exquisito conmigo. En ese aspecto, superó todas mis expectativas. En la parte negativa, tengo que decir que los precios de las carnes son desorbitados, incluso en España. Y qué decir de los vinos... También tengo que decir, que las carnes no son, ni mucho menos, lo mejor que he comido. Vale la pena la experiencia, pero no volvería.
El viernes 10 estuve comiendo en el Centro Naval, en el restaurante de la sexta planta. El edificio se inauguró en 1.914 y es realmente una joya de la arquitectura. Todos los detalles sorprenden, desde las escaleras profusamente decoradas, hasta los ascensores octogonales de madera tallada. Además, disponen de un menú con muy buena relación calidad/precio. La comida fue  muy agradable, como no podía ser de otra forma, por el excelente entorno y sobre todo, por la excelente compañía.
Por la tarde, después de dar un paseo por San Telmo, pensé que cual guiri que se precie, no podía dejar de visitar el Caminito. Esta barriada, ahora turística, está en el barrio de la Boca, que era donde se instalaban los inmigrantes españoles e italianos que llegaban en barcos a finales del siglo XIX y principios del XX. Fabricaban una serie de chabolas, que llaman conventillos. De toda la Boca, el Caminito se hizo famoso por el tango que lleva su nombre. Es pintoresco cómo está pintado todo en la Boca, con colores llamativos y en muchos lugares con figuras a tamaño real, fundamentalmente de Messi, el papa Francisco o Maradona. Pero fuera de los sitios turisticos, no es un barrio recomendable para caminar solo.
Mi estancia en Buenos Aires se va terminando, pero aún me quedan dos días que disfrutar.

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