DEL LAGO SEVAN A GORIS


Recorriendo el Cáucaso, después de haber conocido Azerbaiyán, explorando su país vecino, Armenia, con el que ha tenido varios conflictos bélicos en los últimos años. Mi nombre es Salvador Romero y escribo en este blog para compartir mis experiencias y las.acompaño con algunas fotos.


Por la tarde llegamos a Sevan y después de dejar el equipaje en el hotel, la visita obligada era el monasterio de Sevanavank en lo alto de una pequeña península en el lago Sevan, desde donde se disfruta de unas vistas magnificas.

Como todos los monasterios armenios, está en lo alto de una colina, por lo que toca subir pendientes y escaleras interminables. En realidad, todos estos monasterios, además de su función religiosa, también tenían una función defensiva.

Hay que tener en cuenta que Armenia es un pequeño país, que aunque tiene una historia muy rica, siempre ha estado amenazado por sus vecinos, Irán o Persia en su momento, Turquía, de cuya relación ya hablaré cuando llegue a Ereván, la capital y Rusia en cuyos brazos se acunó pensando que la defenderían de sus enemigos.

Todo el Cáucaso fue absorbido por el imperio ruso y después por la URSS. Al desaparecer ésta, territorios que eran históricamente de Armenia, se quedaron en Azerbaiyán y de ahí viene el conflicto actual.

Dejando atrás la historia, subir al monasterio de Sevanavank al atardecer y ver la puesta de sol reflejada en el lago, ha sido todo un privilegio. He visto muchas puestas de sol en varios países y en diferentes sitios, pero ésta en concreto, es de las que se te quedan en la retina, en las que disfrutas cada segundo de ese momento efímero en que el sol se oculta por el horizonte.
La ciudad de Sevan en sí, quitando el lago, que es el más grande del Cáucaso, y el monasterio, no tiene mucho más que ver.


Al día siguiente, otro taxi negociado me llevó a Goris una ciudad que sirve de ruta a la cercana frontera de Irán y al territorio de Nagorno Karabaj, y que tras la ofensiva bélica de Azerbaiyán, en 2023 se convirtió en un campo inmenso de refugiados armenios, expulsados de su tierra.

El coche era un Lada de los tiempos de Brezhnev por lo menos. Esta gente tiene la loca costumbre de dejar el coche en punto muerto en las bajadas para ahorrar combustible, supongo, aunque era de gas y está a 0,35€. 


Pero además de eso tienen un botón por el que cortan el gas y luego lo tienen que activar al terminar la bajada. Pues bien, aparte de que casi nos chocamos con un camión parado, porque estaba el chófer fumando y a la vez marcando un número en el teléfono, el dichoso botón dejó de funcionar.
 
La primera vez que nos dejó tirados, lo arregló rápido. La segunda vez, paramos porque salía mucho humo del motor y tuvimos que echarle cuatro litros de agua juntando todas las botellas que teníamos y la tercera vez no iba el botón y después de media hora, lo arregló conectado un cable de la batería al botón. No sé cómo pero pudimos llegar al destino.
Antes de llegar a Goris, paramos en un karavansaray que había en la ruta y donde casualmente se encontraba una pareja de Mallorca. 


Pero aparte de todo esto, Goris es el punto de partida de algunas de las mejores cosas que me he encontrado en Armenia.

La primera de ellas, fue Carahunge, llamado aquí Zorast Karer, un yacimiento arqueológico prehistórico, lleno de menhires estratégicamente colocados para observar las estrellas.

Muchos de ellos están perforados por unos agujeros, a través de los cuales se pueden observar determinadas estrellas en momentos concretos del año, lo que seguramente les serviría de calendario. Su antigüedad está datada en más de 7.500 años, lo que lo convierte en el observatorio astronómico más antiguo conocido.


La segunda sorpresa fue la cascada de Shaki, un bello salto de agua, que aunque dicen los lugareños que ahora no trae demasiada, a mí me pareció espectacular. Medio escondida, siguiendo un camino paralelo a un pequeño riachuelo, pero con buen caudal, de pronto aparece ante tus ojos y no puedes creer que aquello esté allí.


La tercera sorpresa, aunque sabía dónde iba, fue la visita al monasterio de Tevan. No ya por el monasterio en sí, que es de los más grandes que he visto y que para variar, está en lo alto de un monte perdido entre montañas, sino porque para ir allí, tomé el teleférico más largo del mundo, según dicen. Al principio parece más corto, pero baja, sube, vuelve a bajar y vuelve a subir y el viaje dura algo más de quince minutos.

El monasterio de Tatev es una fortaleza amurallada y dentro se encuentran la iglesia principal y varias capillas, así como otros edificios destinados a vivienda de sus moradores.

La cuarta sorpresa fue la visita al poblado troglodita de Khndzoresk, que todavía no sé cómo se pronuncia y eso que lo escriben con letras latinas. La tarde anterior crucé a la otra parte del río en Goris, donde hay cuevas que fueron habitadas en otros tiempos, pero aquí era lo mismo a lo grande y algunas se siguen utilizando como almacén o para el ganado, aunque ya nadie vive allí.


Lo más sorprendente es que para poder acceder al lugar, hay que bajar un sinfín de escalones y luego cruzar un puente colgante que se mueve a casa paso y por cuyo piso puedes ver perfectamente lo que hay debajo. Después de visitar el poblado, que abarca toda la ladera de la montaña, hay que volver a cruzar el puente y volver a subir en este caso, los escalones.

Después de estas magnificas sorpresas de haber estado alojado en el mejor sitio de todo el viaje, Enea Boutique Apartment, un sitio familiar pero a la altura de los mejores hoteles y por un precio muy razonable, toca emprender viaje hacia Areni. Ya en la próxima entrega os iré contando.

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