QOBUSTAN Y QUBA, LEJOS DE LA CIUDAD

Tras recorrer el río Amazonas en 2024 y plasmar mi experiencia en este blog, voy compartiendo mis viajes, contando mis sensaciones y aportando algunas fotos. Mi nombre es Salvador Romero y me encuentro recorriendo el Cáucaso.
Por fin pude sentir la sensación de alejarme de la gran ciudad. Después de acordar con el chófer el viaje, partimos camino de Qobustan. Por el camino se podían observar numerosas plataformas petrolíferas sobre el mar Caspio, e innumerables instalaciones relacionadas con la industria del petróleo y del gas natural, tan abundante en el subsuelo de la región.

Llegamos a Qobustan para ir a visitar el parque nacional del mismo nombre. La primera visita fue a los petroglifos, donde se pueden observar dibujos de animales y de personas, tallados en las numerosas piedras de la zona. Parece ser que tienen una antigüedad de 15.000 años y está declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco. 


Despues, en un Lada de la época soviética, subimos a visitar los volcanes de lodo.
  Del suelo emerge un lodo pastoso y frío, que burbujea y va creando cráteres. En verano se suele meter la gente dentro del lodo o untárselo, porque dicen que es muy bueno para la piel.


De regreso a Bakú, el chófer paró en la mezquita de Bibi-Heybet para visitarla. Por dentro estaba decorada entera con cristales de colores. Es de 1988, pero había una original de 1281, que fue derruida por los soviéticos, con el pretexto de ampliar la carretera. Se había construido en honor a Ukeyma, hija del imam chií Musa Al-Kazim.

El sábado salimos en coche hacia Quba, y como no podía faltar algo de aventura, antes de salir de Bakú, la policía nos paró y después de muchas discusiones con el chófer, lo retuvieron durante más de una hora. Su versión era que el policía le pedía dinero por ir con turistas, pero mi impresión fue de que había algo más, que prefirió ocultar. Tras pagar una multa, nos dejaron partir de nuevo. De esto, aunque estuve tentado, no hice ninguna foto.

Esto trastocó un poco los planes, pero en lo único que influyó, fue en el horario de comidas. Por lo demás, pude completar todo lo que había previsto para hacer o visitar.

Tras dos horas de camino, llegamos a Quba, en el norte cerca de la costa, pero ya en terreno montañoso y en un día de llovizna, en el que noté el frío por primera vez en el año. En los alrededores, todo estaba lleno de manzanos, pues es famosa la manzana de Quba. En uno de los puestos de la carretera, después de visitar un lago de la zona, casi nos vende la señora el puesto de fruta entero.


Después de recorrer la ciudad, en los intervalos entre los periodos de finísima lluvia, pude conocer un poco las calles de la ciudad, que me decepcionó un poco, pues no tienen muy bien cuidado un antiguo hamam, que parece un edificio abandonado cercano a la ruina.


Visité el complejo conmemorativo del genocidio de 1918. En esta región del Cáucaso. Los conflictos han sido históricos, ya sea por motivos políticos  o religiosos, o ambos mezclados. Para colmo, fue todo anexionado por Rusia y por la Unión Soviética y los cambios que hicieron dejaron los conflictos latentes.


Visité el museo de la historia, pero aunque lo tienen muy bien organizado y en un magnífico edificio, no me pareció demasiado interesante.
Por último, cruzando el río, se encuentra Krasmaya Slovoda, un barrio judío, donde se encuentra la gran sinagoga, que estaba custodiada por militares y cerrada, aunque era el Sabbath, el día de descanso judío.

Tras visitar la gran sinagoga, fuimos a comer algo, ya a media tarde, a los restaurantes que hay en el bosque de la carretera de Qacras, donde los lugareños suelen ir a comer los festivos. Por allí había  algunos jinetes que ofrecían recorridos a caballo por la montaña.


Después, medio dormitando en el coche mientras el chófer conducía, regresamos a Bakú, donde me esperaba el descanso para comenzar otra jornada fascinante.





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