SHEKI, EL ENCANTO DEL INTERIOR


Me pedían que contase lo que pasara en el viaje y que enviase fotos. Así se me ocurrió crear este blog, justo antes de viajar al Amazonas en 2024. No sabía cómo lo percibiría la gente, era mi primer blog, pero parece ser que les gustó, así que ahora cuento mi viaje por el Cáucaso. Mi nombre es Salvador Romero y sólo pretendo compartir mis experiencias y algunas fotos de mis viajes.

Viajando en un tren nocturno desde Bakú hasta Sheki, dejé atrás el mar Caspio y sus pozos de petróleo, para adentrarme en una parte más rural de Azerbaiyán, y según dicen, Sheki es la ciudad con más encanto del país. Además, era una forma de aproximación al paso fronterizo con Georgia de Lagodekhi, que es el único abierto por tierra en el norte.

El tren era atractivo, con su litera perfectamente equipada. No faltaba detalle, desde unas zapatillas hasta un kit con cepillo dental, antifaz, etc. Y por supuesto, toalla, sábanas, almohada, colcha y una colchoneta para poner entre la litera y la sábana de abajo. Además, pasaron por el compartimento, repartiendo unas cajitas con un sándwich y un zumo de fruta. Y todo por 34€. Mereció la pena la experiencia, aunque no faltaron los ruidos, los tirones y los movimientos bruscos del tren.
A las seis de la mañana, llegó el tren a Sheki, entre nieblas y bastante fresco. Allí esperaba un taxi contactado con anterioridad, pues la estación dista 17 km de la ciudad. Por la mañana, pudimos dormir dos o tres horas, pues en el hotel nos recibieron al llegar del tren y luego desayunamos bien, antes de salir a conocer la ciudad.
 
Tras una buena caminata hasta la parada, tomé el autobús urbano que me acercó a Kis, donde se encuentra una antigua iglesia de la Albania Caucásica del siglo XI.

Está muy bien conservada y tiene un gran valor histórico, aunque es pequeña, pero hay poca cosa que ver para los nueve euros que te cobran. Parece ser que el gobierno de Azerbaiyán quiere recuperar el patrimonio cristiano del país y está restaurando y conservando las iglesias, a pesar de que la mayoría de la población es musulmana.

Existe la creencia de que San Eliseo, discípulo de San Judas Tadeo, en el siglo I fundó una iglesia en Kis. Posteriormente fue asesinado. Desde entonces, este lugar fue motivo de peregrinación. Allí fue donde la iglesia albanesa erigió el templo actual, en el siglo XI.
De regreso a Sheki, era el momento de probar la comida local, y nada mejor que el piti, una especie de cocido hecho con cordero. Se sirve en un recipiente de barro, donde se cocina del mismo modo que el cocido en un puchero.

Hay que poner en un plato trozos de pan y echar encima el caldo del puchero, con lo que tenemos la sopa como primer vuelco. Después, la carne y la grasa se aplastan y desmenuzan hasta mezclarse bien y se juntan con los garbanzos. La verdad es que estaba buenísimo. Costó 9 manat, unos 4,5€.


Caminando para bajar la comida, un luthier que fabricaba tar, un instrumento de cuerda peculiar, además de invitarnos a entrenar y enseñarnos lo que hace y cómo, nos deleitó con una breve actuación.

 
La verdad es que fue un momento fascinante. Verte rodeado de instrumentos a medio fabricar y que el luthier se ponga a tocar para que lo escuches, no tiene precio. Esos son los buenos momentos que brinda un tipo de viaje como éste.


La siguiente parada fue en un karavansaray reconvertido en hotel y que es realmente un entorno fascinante. Ahí ya llegaban excursiones de numerosos orientales, que menos mal que nos cruzamos en la puerta.

Ya sólo quedaba conocer la fortaleza de la parte antigua de Sheki. Después de una pendiente interminable, al entrar en la fortaleza, te encuentras todo bien cuidado y también lleno de ofertas de souvenirs.

Dentro del recinto había un taller de fabricación de vidrieras, ensambladas con madera, del que hizo una demostración el artesano. Realmente es un trabajo de precisión relojera. También tenía allí el taller otro luthier que fabricaba tar. También se encuentra allí el palacio de los khanes de Sheki.


El día siguiente estuvo dedicado a la visita a Qax, una ciudad ya metida en la montaña. Antes de llegar, paramos para observar el templo de Kurmuk, una iglesia georgiana activa, edificada sobre un templo albanés.


 Está dedicada a San Eliseo, primer patriarca de la iglesia de la Albania Caucásica.Tras una parada en el centro de Qax para ver la parte restaurada, seguimos camino de Ilisu.


En Ilisu, tras una buena caminata cuesta arriba a la que se apuntó también el chófer, calzado con zapatos normales,

llegamos a la cascada de Ram Ramay, dentro del parque Mili, en un entorno en el que la fauna está compuesta entre otros, por lobos, osos e incluso leopardos.


Ya de regreso, hicimos una parada en la torre Sumq Qala, una construcción defensiva del siglo XIII. Y ya tomamos camino de regreso a Sheki, porque al día siguiente había que salir temprano por carretera hacia la frontera con Georgia.


Al llegar al alojamiento, tocó preparar el equipaje para no perder tiempo por la mañana, pues no es fácil cruzar la frontera, pero eso lo contaré en la próxima entrada en el blog.

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