EREVÁN, A LA SOMBRA DEL MONTE ARARAT


En este recorrido por la región del Cáucaso, después de dejar atrás Azerbaiyán, en la actualidad viajo por Armenia. Como casi siempre pasa, la realidad te sorprende y encuentras algo diferente a lo que imaginabas. Eso es lo bueno de viajar y conocer de primera mano los lugares. Mi nombre es Salvador Romero y en este blog plasmo mis impresiones y las acompaño con algunas fotos.

La parada en Areni era, más que nada, para repartir el tiempo del viaje y no hacer etapas demasiado largas. No es un lugar especialmente llamativo, aunque tiene algunas cosas dignas de ser visitadas. Se podría haber programado el viaje haciendo una parada para verlas y continuar, pero al final dormí en Areni.

Lo primero fue tomar un pequeño desvío poco antes de llegar, para visitar otro de los monasterios importantes de la ruta. Cuando ya has visto varios, parece que puede ser monótono, pero siempre y sobre todo en estos más famosos, se encuentra una justificación para la visita. En este caso, después de diez kilómetros de desvío por una carretera en medio de un desfiladero impresionante, visité el monasterio de Noravank.

El monasterio en sí, es de los imprescindibles para visitar si hay que elegir seis o siete. Al entrar me encontré con una circunstancia muy curiosa. Los ritos de la iglesia ortodoxa armenia no me son familiares y en esa ocasión, había un sacerdote detrás de una baranda, mirando a la gente y varios fieles se acercaban a él y les daba una bendición con una cruz que llevaba en la mano. 

Yo me quedé observando en un rincón y en un momento dado, me llamó y me dijo que me acercase. No sabía qué hacer, la verdad, pero insistió y me acerqué. Había visto antes que a un joven que había, le preguntó si era armenio y le dijo que era ruso y lo llamó y le dio la bendición. Así que yo le dije "de España", porque ellos pronuncian Hispania y de armenio no tengo ni idea, y allí me vi con la cabeza un poco agachada y el cura bendiciéndome con la cruz, toda una experiencia, la verdad.

Después de dejar el equipaje en el hotel, caminado cincuenta minutos, visité Areni-1, una cueva donde se ha encontrado la bodega datada más antigua del mundo, con más  de 6.000 años de antigüedad. Siguen trabajando allí los arqueólogos, desenterrando numerosas tinajas de barro en las que fabricaban el vino. También se halló en dicha cueva el zapato datado más antiguo del mundo y que se encuentra en el museo de la Historia de Armenia, en la capital Ereván.

 
Después visité, tras caminar otros veinte minutos, Magellan Cave, una enorme cueva en la que se está empezando a trabajar y a descubrir restos del pasado.

Al volver al hotel que era familiar, los dueños tenían una bodega allí mismo y me hicieron tomar vodka, brandy, vino afrutado, vino blanco y vino tinto, por ese orden, porque dicen que ellos lo prueban así, y todo acompañado por manzana, galletas, ciruelas e higos secos. Fue toda una experiencia. Al final, la dueña preparó una cena con más comida de la que uno se puede comer, pero todo buenísimo.


Al día siguiente tocaba viajar hasta la capital armenia, Ereván, pero antes era obligado hacer una parada en Khor Virap, un monasterio no demasiado importante, pero tiene muchísimas visitas. La principal razón de dichas visitas, es que es el lugar desde donde mejor se puede observar el monte Ararat.


Según la tradición, tanto judía, como cristiana, como musulmana, en el monte Ararat fue donde se posó en tierra el Arca de Noé. El monte, que tiene una altura de 5.137 metros, se encuentra en territorio turco, aunque muy cerca de la frontera y es perfectamente visible desde Ereván. Las relaciones diplomáticas entre ambos países son inexistentes, sobre todo por el genocidio armenio de 1915, pero también porque Turquía apoyó a Azerbaiyán durante las recientes guerras por Nagorno Karabaj.

Una vez dejado el equipaje en el hotel de Ereván, no sin un problema de entendimiento con la reserva, lo primero fue ir a la estación de tren a comprar.un billete para el tren nocturno a Tiflis o Tbilisi, que se dice de las dos formas. Tras dejar la estación, visité un enorme mercado, donde vendían desde carne, pescado vivo en peceras, galinas, palomos o conejos vivos, pero también tenía unas fruterías espectaculares y muchos puestos de fruta seca o escarchada, bellamente decorados.

  
Muy cerca del hotel se encuentra la catedral de San Gregorio el iluminador,

austera como todos los templos ortodoxos, con una bóveda espectacular y donde estaban celebrando un rito que desconocía, con varios sacerdotes y muchos cánticos.


Al caer la noche, en la plaza de la república, otras veces llamada de la libertad, me sorprendió un espectáculo con música y una fuente que hace bailar el agua al son de la misma, además de acompañarla con luces de colores. Realmente está muy bien hecho, aunque hacía frío mezclado con humedad. Dura una hora.

La visita Ereván empezó recorriendo un mercado al aire libre llamado Vernisage, en un parque, alguna parecido al rastro madrileño. En algunos sitios venden antigüedades y en la mayoría, todo tipo de cosas. Tras atravesarlo, llegué a la Galería Nacional de Armenia, un museo bastante  grande con pinturas de todas las épocas. La visita se llevó más de dos horas.

Después visité la llamada mezquita azul, la única en activo en Armenia, llamada así por los colores con que está decorada. Era viernes y estaban celebrando algún rezo y sólo la vi desde fuera.

Siguiendo el recorrido previsto, pasé por la llamada catedral de San Sarki. Es una iglesia, pero todo el mundo la llama catedral, por lo imponente de su planta.
Después de comer, pasé por el Cafesjian, un parque lleno de esculturas, donde destaca un gato de Fernando Botero.

El Cafesjian termina en el complejo Cascade, unas escaleras interminables en cuya base salen unos chorros de agua. Te da esta zona es muy concurrida, sobre todo en fin de semana.
Terminó la visita en el Matenadaran, un museo dedicado a la conservación de manuscritos antiguos.

Por la noche, pude asistir a una representación a cargo del balet nacional de Armenia de El Lago de los Cisnes, de Tchaikovski. Vamos, que tuve un día de lo más cultural. Ya vendrá la montaña y la tranquilidad.

El sábado, con un taxista con el precio ajustado el día anterior, visité  el templo de Garni, un templo clásico al estilo griego del siglo I, anterior a la conversión al cristianismo de Armenia.

Un poco más abajo del templo, hay un desfiladero cuyas paredes están llenas de columnas de basalto. Se conoce popularmente como sinfonía de piedras.

De allí fuimos al monasterio de Geghard
y después a las ruinas del castillo de Erebum, una fortaleza del siglo IX antes de Cristo, donde se encuentran bastantes textos en escritura cuneiforme tallados en la piedra.

Después, la visita fue al último museo, el de Historia, cuya temática es alrededor de la historia de Armenia, desde la prehistoria hasta nuestros días y donde se encuentra el famoso zapato encontrado en Areni-1.

Hoy domingo, por la noche, subiré al tren nocturno que va desde Ereván a Tiflis, la capital georgiana. Pero antes quedaba visitar el monumento al genocidio armenio, del que sabía por la, mencionada anteriormente, película The Promise. 

En 1915, en plena primera guerra mundial, desde el gobierno del imperio otomano, y según las evidencias que presenta Armenia, se ordenó la expulsión y el exterminio de todos los armenios.


 Según cuentan, se violó a mujeres y niños y más de 100.000 armenias fueron vendidas como esclavas sexuales e integradas en harenes. Turquía lo niega rotundamente. Pero lo cierto es que murieron aproximadamente un millón y medio de armenios. Teniendo en cuenta que en Armenia hay una población de 3.000.000, nos podemos hacer una idea de la magnitud de la tragedia. Armenia se refugió en el imperio ruso y luego formó parte de la URSS hasta su desaparición.

Ahora estoy tomando un té después de comer, mientras escribo estás líneas. En cinco horas tengo que estar en la estación para subir al tren nocturno que me llevará de nuevo a Georgia, está vez sí, para recorrer el país entero. Ya os iré contando.





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