KUTAISI, LA ANTIGUA CAPITAL Y ÚLTIMA ETAPA

Comienzo mi última etapa en el viaje por el Cáucaso, que me ha llevado a recorrer Azerbaiyán, Armenia y Georgia, tres países muy similares en muchas cosas, pero con sus diferencias. Mi viaje termina visitando Kutaisi, en Georgia y de donde saldrá mi vuelo directo a Madrid.
Mi nombre es Salvador Romero y en este blog plasmo mis sensaciones del viaje y las acompaño con algunas fotos.

Después de cinco horas de ruta en una mashrutka, por fin llegué a mi última parada en el Cáucaso. Elegir Kutaisi como último destino fue fácil, es el único lugar de Georgia del que sale un vuelo directo a Madrid.

Como siempre, el viaje se va organizando sobre las marcha. Se busca un transporte cuando hay que desplazarse y se busca alojamiento para los días que corresponda, normalmente con un día o dos de antelación. Y también se va decidiendo cuántos días quedarse o alternativas al plan preestablecido.

Mientras tanto, Kutaisi y sus alrededores tienen mucho que ofrecer. En Georgia, tras su independencia de la Unión Soviética, Kutaisi era una ciudad industrial muy importante, pero el país vivió un colapso económico y todo se derrumbó como un castillo de naipes.
Aún así, la ciudad se ha sabido sobreponer y se detecta vida por sus calles.

Durante varios periodos a lo largo de la historia, fue la capital del país y en 2012 se trasladó a Kutaisi el parlamento de Georgia. Por cierto, el nuevo edificio está diseñado por arquitectos españoles.

Después de dejar las cosas en el hotel, lo primero que visité fue el museo de historia. Es interesante, pues exhibe objetos desde la prehistoria hasta nuestros días, pero sin pretensiones.

En el trayecto desde el museo hacia la plaza Central, donde se encuentra la famosa fuente Colchis, caminando por un parque, había un grupo de musica llamado Frani, que estaba grabando un videoclip y la verdad es que no sonaba mal. Había, lógicamente, muchos curiosos y fue una sorpresa bastante agradable.

Tras estar un buen rato escuchándolos tocar en directo, fui a parar a la plaza Central, donde se encuentra la fuente Colchis. En ese momento estaban haciendo labores de limpieza, por lo que no estaba en funcionamiento. Pero aún así, mereció la pena.

Justo detrás de la fuente había una pequeña iglesia y pasé a hacer una visita rápida, ya que estaba allí. La plaza Central es muy bonita, pero han plantado junto a dicha iglesia un McDonald todo moderno, que intenté que no saliera en la foto, porque rompe toda la armonía.

En todos los sitios hay algún iluminado que autoriza este tipo de aberraciones urbanísticas. Al menos, que les obliguen a decorar la fachada en armonía con el entorno.
Sin salir casi de la misma plaza, se encuentra el Teatro Dramático Estatal Lado Meskhishvili. Es uno de los más antiguos de Georgia. Se construyó en 1950. No había nada programado para ninguno de los dos días que pernoctaba en la ciudad.

La siguiente visita obligada, era la Catedral Bagrati. Para variar, está en la parte más alta de la ciudad y hay que subir una cuesta interminable desde el río para acceder a ella. Fue construida en el siglo XI y las tropas otomanas la destruyeron. 


Se ha reconstruido, pero esa restauración llevó consigo que la Unesco les quitara la declaración de Patrimonio de la Humanidad, por algunas licencias irreversibles que se tomaron al reconstruirla.
Después de volver a bajar, ya sólo quedaba buscar un sitio con buena comida georgiana para cenar.

El viernes salí de la ciudad para visitar tres zonas bastante interesantes. La primera de ellas, era la cueva Prometheus, una cueva subterránea de casi un kilómetro y medio de larga y que tiene varias cavidades más grandes, todo lleno de estalactitas y estalagmitas. Llega a tener unos 80 m de profundidad.

La segunda visita de la ruta, era el cañón de Okatse. Después de sacar el correspondiente ticket y caminar más de media hora, se llega al cañón, que tiene una pasarela colgada de la pared.

 
Aunque era bastante larga la pasarela y tenía un mirador que literalmente te ponía sobre el río que pasa por debajo, me decepcionó un poco, pues no es de los cañones más bonitos que se pueden encontrar.


Quedaba la tercera visita del recorrido, otro cañón, el Martvili, aunque el que tenía fama era el anterior. Pues aquí también hubo sorpresa, pero positiva.

El cañón era más pequeño y también tenía pasarela, pero era un espectáculo, todo lleno de saltos de agua, todo verde intenso y escuchando constantemente el sonido de las diferentes cascadas, hizo que mereciera la pena ir a verlo.


Comí allí mismo en un restaurante que más bien está para los turistas, pero aunque me empeñe en no querer serlo, también soy otro turista más. 
Ya por la tarde, llegamos a la ciudad después de una hora de camino y a la entrada nos pilló un poco tráfico, pero pude contemplar bastante bien el edificio del parlamento, frente al que pasamos.


Una vez en la ciudad me fui a caminar hasta el puente Blanco, que tiene la peculiaridad de que algunas placas del suelo son transparentes. El río lleva ahora poca agua, estaba nublado y anocheciendo y las placas estaban sucias. Total, que casi no se veía nada, pero el entorno sí es bonito.


La última visita fue al bazar Verde, un mercado al estilo de los de la zona, donde se me antojaron unas nueces y avellanas ya peladas y por más que insistí a la señora de que era mucho, me fui con una bolsa de casi un kilo.


Ya sólo quedaba cenar por último día en el viaje y fui con Jaime a un restaurante donde había una pianista y una violonchelista, que amenizaban la cena.

El local tenía un aire antiguo y luego nos contaron que todo el mobiliario lo habían traído del pueblo y era de la época de la Unión Soviética. 


Las paredes del restaurante estaban decoradas con postits que había ido poniendo la gente, con mensajes de todo tipo.

También había billetes de muchos países. En fin, el final del viaje fue una buena cena en un local con aires glamurosos.


El sábado toca volar de regreso a España, que también se echa de menos a la gente y ahora ya casi pensando en la navidad y habrá que ir organizando el próximo viaje.


El mismo chófer que hizo el recorrido por la cueva Prometheus y por los dos cañones, fue el taxi utilizado para ir al aeropuerto. Era un tipo simpático y muy bromista. Estaba todo el rato poniendo cosas en el traductor del teléfono para tener una conversación fluida.

Ahora, también quiero aprovechar mi regreso para dedicar una temporada a ese libro que tengo un poco apartado. En fin, vuelta a casa, a Madrid, a Huelva, al mundo, a mi mundo.


Cuando llegue a España prepararé un resumen de todo el viaje. Espero que os haya gustado. A algunos, por lo que me habéis comentado en privado, espero que os sirva un poco de guía para viajar por la zona.



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