SVANETIA, ALTA MONTAÑA Y TORRES MEDIEVALES


En mi penúltima etapa por el Cáucaso, regreso a la cordillera del mismo nombre, muy cerca de la frontera rusa, rodeado de montañas, algunas de más de 5.000 m y con nieves perpetuas. En concreto, recorro la región de Svanetia desde Mestia, su capital.
Mi nombre es Salvador Romero y en este blog comparto mis sensaciones del viaje y las acompaño con algunas fotografías.

 
Después de más de siete horas de viaje en dos mashrutkas, haciendo escala en Zugdidi, llegué a Mestia, la capital de la región de Svanetia. Tras dejar las cosas en el hotel, pude dar los primeros pasos por la ciudad y callejear sin tener un rumbo fijo, con el objetivo de conocer un poco el entorno.

En toda Svanetia, entre los siglos VIII Y XVIII, se construyeron unas torres defensivas, donde las familias se recluían en caso de alguno de los numerosos ataques que se producían. 


En 1996, la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad a la Alta Svanetia por su excepcional paisaje de montaña y por las numerosas aldeas características de la Edad Media, que poseen casas fuertes provistas de torres.
Paseando por las calles de Mestia, en una de las torres había luz y parecía un bar ideal para tomar algo y de paso tomar contacto con el entorno.


El dueño, muy dicharachero, que decía de vez en cuando alguna palabra en español, abrió la puerta de la torre para poder subir a la misma, que básicamente es una escalera de madera en casa descansillo, un hueco por el que se pasaba de una planta a la siguiente y una habitación sobre otra hasta arriba.

Pero lo más interesante, porque él insistía en que era un museo, fue lo que había bajo la planta principal. Allí tenían cuadras y pesebres para caballos, vacas u ovejas, y también dormían las personas en otros tiempos. En el mismo espacio, cocinaban y hacían toda la vida. En caso de ataque, se subían a la torre y desde allí se defendían.


Al día siguiente, lunes, en un transporte local me trasladé al pueblo de Ushguli, del que dicen que es el pueblo más alto de Europa, aunque yo no tengo claro en este viaje, cuándo he estado en Asia y cuándo en Europa. Culturalmente, tanto Armenia como Georgia, son europeos, mientras que Azerbaiyán es más próximo a sus vecinos Irán y Turquía, aunque esta última tampoco está claro a dónde pertenece.


Las cinco aldeas que componen Ushguli y todo su entorno, son de una belleza increíble, aunque los inviernos son durísimos por el frío y por las fuertes nevadas. Hay que tener en cuenta que se encuentra a 2.200 m. y rodeada de montañas, algunas con más de 5.000 m.

Cada vez más, los lugareños viven del turismo, como ocurre en Mestia, pero Ushguli es mucho más pequeño. Entre todas las aldeas, se calcula que viven unas 200 personas. Aún así, hay en construcción pequeños hoteles. Los paisanos aprovechan la temporada baja y la tregua de la nieve, para construir o arreglar lo existente.

Fuimos nueve personas en una especie de monovolumen con la suspensión más alta de lo normal y con el volante a la derecha. Nos desperdigamos al llegar y quedamos con el chófer en que regresábamos a las tres.

Yo tomé el camino al glaciar Shkhara. Hay gente que hace el recorrido a caballo, pero yo lo hice andando, aunque tuve que dar la vuelta mucho antes de llegar, pues entre la ida y la vuelta eran unas cinco horas y perdía el transporte a Mestia.

Una vez de vuelta en Mestia, era obligado ir al cine. Hay un pequeño cine donde siempre ponen la misma película y en cuatro sesiones al día. Se trata de Dede, una película dirigida por Mariam Khachvani, donde el único actor profesional es George Babluani. Los demás son gente de la zona.

La propia directora contó que está inspirada en la vida de su abuela y retrata las costumbres ancestrales de Svanetia y toca el tema de los matrimonios concertados.

La película triunfó en Cannes en 2017 ganando el Gran Premio del Jurado. Tengo que decir que me gustó mucho y la recomiendo.

Después de la película estuve cenando kharcho, que es una especie de sopa con arroz y nueces y ternera. Por cierto, el pan de Georgia está buenísimo. Lo voy a echar en falta cuando regrese.

El martes comenzó la jornada, después del magnífico desayuno del hotel Kala, tomando un transporte hasta la base desde donde empieza la ruta hacia el glaciar Chalaadi. Fueron tres horas de caminata aprovechando que está haciendo un tiempo bueno.
 

El glaciar, en su parte final está lleno de piedras y tierra de los derrumbes y avalanchas que provoca su propia erosión, pues un glaciar se mueve igual que un río, pero mucho más lento. El resultado es que apenas se ve el hielo.
  

No es lo más bonito de fotografiar, pero por la parte de más arriba sí se ve bien el hielo, aunque advierten de no acercarse más, porque como decía, el glaciar va corriendo sobre su base y al llegar a su extremo hay desprendimientos y pueden caer piedras.

Por la tarde fui al museo de historia  y etnicidad de Svanetia. No era muy grande, pero estaba muy bien organizado y me gustó la visita.

Después fui a ver la iglesia Mavkhovris Tadzari, o de San Nicolás. Desde fuera tiene muy buena pinta, parece toda nueva, hecha de piedra del mismo color que la de arenisca que había en Azerbaiyán.

Está en las afueras del pueblo, en alto para que se vea bien. Al entrar, todo estaba lleno de andamios de madera, aunque igual que en el exterior, todo parecía muy nuevo, como si aún estuviera en construcción. En lo alto de un andamio había un sacerdote que, aunque en principio dijo que no, al final permitió que subiera.

Estaba pintando los frescos de la iglesia y contó que había estado en Madrid pintando una iglesia ortodoxa y que le gustó mucho la ciudad. Dijo que se llama Vladimir. La verdad es que es todo un artista. Llevaba un año pintando la iglesia. Fue muy amable.

Al salir de la iglesia, fui a ver si estaba operativo un remonte hasta la estación de esquí de Hatsvali, en el monte Zuruldi, para subir el miércoles por la tarde, si daba tiempo después de la excursión prevista. Parecía que sí, aunque cerraban a las 16:30.

Camino del hotel, pasé por uno de los innumerables montones de leña ya cortada, preparada para el inminente invierno y sus muchos grados bajo cero. Por las mañanas, en cuanto te metes en el monte, los pequeños charcos están congelados.

El miércoles, un transporte local me llevó hasta un poco más allá de Mazeri, muy cerca de la frontera rusa, hasta la base para subir a las cascadas Shdugra. La mañana amenazaba lluvia y quién sabe, a esas horas y en la montaña, si no habría nevado por la noche. Pero la cota de nieve aún está más alta que las cascadas.

La subida comenzó con mucho frío y un sin parar de caer gotas heladas. El chófer dijo que calculaba cuatro horas entre subir y bajar y que esperaría en el punto donde estaba, que había un pequeño bar y un par de cabañas.

Al final del trayecto la pendiente cada vez era más empinada, así que llegué mojado por fuera y sudando algo por el esfuerzo y el ir tan abrigado.


En una cabaña había un guarda forestal, con su caballo y todo. Salió a saludar y ante la duda de qué camino tomar, porque estaba todo lleno de hojarasca, señaló el camino correcto. A partir de ahí fue una subida constante y no paraba de caer esa fina lluvia.


Por fin, después de un gran esfuerzo, aparecieron a la vista las dos cascadas. La pena fue que había muchas nubes en la parte alta de las montañas y no permitían ver bien el magnífico paisaje que se puede contemplar desde allí.
 
Durante la bajada comenzó a caer algo más de agua, por lo que al final iba bastante mojado por fuera, pero llevaba un abrigo impermeable y unas botas resistentes al agua, así que la única preocupación era no resbalar y llegar bien a donde estaba esperando el chófer.


Todo salió bien, aunque a partir de entonces, estuvo toda la tarde y la noche lloviendo.
El jueves a las ocho de la mañana salía la mashrutka con destino a Kutaisi, en el centro oeste del país. Allí pasaré las dos últimas noches en Georgia, pero eso ya os lo contaré en la siguiente entrega.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Camino del Cáucaso.

CRUZANDO FRONTERAS

LA TIERRA DEL FUEGO