TREN NOCTURNO Y DESTINO A LA MONTAÑA


Después de visitar Azerbaiyán y Armenia, el tren nocturno me lleva a Tiflis, la capital de Georgia. Desde allí, después de llegar a un acuerdo con un taxista, termina mi largo recorrido, dejándome en Stepantsminda en la zona de Kazbegi, fronteriza con Rusia. Mi nombre es Salvador Romero y en este blog plasmo mis sensaciones del viaje y las acompaño con algunas fotografías.

Terminado mi recorrido por Armenia, me voy con la sensación de que el país está mejor de lo que yo pensaba. Empecé a recorrerlo por la zona rural y terminé en Ereván. En pocos sitios he visto tantos coches de alta gama como en la capital de Armenia. Es un país independiente desde que se disolvió la Unión Soviética y se han modernizado mucho todo, a base de nuevas infraestructuras y de cambiar la imagen de las ciudades. Y eso que se ha visto involucrada en varios conflictos armados con Azerbaiyán.

El centro de la ciudad no se diferencia en nada a cualquier capital europea y se ve bastante actividad.

Una cosa que me sorprendió de Armenia, es que allí casi todo el mundo trabaja siete días a la semana, no ya el comercio o la hostelería, allí vi abierto en domingo por la tarde, desde un taller mecánico, hasta una ferretería.

Pero llegó el día de dejarlo atrás para iniciar un nuevo recorrido por Georgia. Para ello, viajé en el tren nocturno, en literas. Era más nuevo que el que me llevó de Bakú a Sheki, en Azerbaiyán, pero tenía menos detalles. 

Eso sí, todo estaba bien diseñado. Según pude saber por una compañera de compartimento, que era rusa y nos dio una clase al resto de cómo se desplegaban las literas, era todo diseño ruso o soviético y por eso conocía todos los trucos.

Al llegar a la frontera, a las 03.45, nos despertaron, subió la policía de aduanas y nos selló los pasaportes, pero nos tuvieron más de una hora parados. El tren reanudó su marcha y volvió a detenerse en la frontera georgiana, donde tuvimos que bajar, compartimento por compartimento a pasar el control de entrada a Georgia. Hacía bastante frío, pero volvimos a las literas y tuvimos un par de horas para dormir hasta llegar a Tiflis a las 07.10.

Cerca de la estación, negociamos con un taxista y nos terminó llevando a Stepantsminda en plena cordillera del Cáucaso y muy cercano a la frontera rusa. Hay que tener en cuenta, que por aquí los taxis no llevan taxímetro y que si te ven cara de turista, intentan cobrarte una barbaridad, así que es preceptivo negociar y tener una ligera idea de cuál es el precio razonable. Nos cobró 200 laris, unos 66€ (33 por persona), por un recorrido de casi tres horas.

De camino, estaba negociado con el taxista, paramos en Ananuri, donde hay una iglesia fortaleza, junto a un pantano creado por una presa.

Continuamos el camino y pasamos por la estación de esquí de Gudauri,


y después de bajar un enorme puerto, por fin, después de catorce horas de viaje desde Ereván, pude dejar el equipaje en el hotel de Stepantsminda, que es su nombre nuevo, pero casi todos los conocen por Kazbegi, que es el nombre de la comarca.

Por allí, toda la actividad que se puede hacer, está relacionada con la montaña. Todavía no han empezado las grandes nevadas y eso permite moverse por lugares por los que en otras circunstancias sería más dificultoso.

Después de comer, la visita obligada era a la iglesia de la Trinidad de Gergeti, para lo cual se requiere hora y media de subida que, recién comido, se hace interminable. Al final tuvo su recompensa.

El monasterio en sí, merece la pena visitarlo, pero sobre todo, desde allí se tienen unas magníficas vistas de la zona y principalmente

del monte Kazbek con sus más de 5.000 metros de altura y su cumbre nevada. Después de bajar, con el sol poniéndose tras las altas montañas, en Stepantsminda hacía bastante frío y el mejor remedio para ello fue el té caliente que pude degustar tranquilamente resguardado en el calor del pequeño hotel, que por cierto estaba todo muy bien y muy nuevo. El desayuno, incluido en el precio, era espectacular, y todo por 36€ al día para dos personas, es decir, 18€ con desayuno incluido.


Al día siguiente, martes 4, después de barajar varias opciones, elegimos ir a las cascadas de Sveleti y después a la laguna del mismo nombre. Según habíamos leído, la caminata era de unas tres horas de ida y otras tantas de vuelta.

La caminata la hice con Jaime y en mitad del camino, se nos unieron dos perros que no querían perderse nada de lo que hacíamos. Al principio, el camino va paralelo al curso del río Terek, pero luego tuvimos dos diferentes subidas para ver las dos cascadas, llamadas aquí, la grande y la pequeña.
Después fuimos caminando hacia el lago Sveleti y cuando llevábamos media hora de camino, nos encontramos con un cartel que advertía de la proximidad de la frontera rusa y de que no se podía estar por allí sin un permiso adecuado.

Después de discutir qué hacer con Jaime, él decidió no pasar y yo me fui sólo hasta el pequeño lago, más bien una laguna. Me encontré por allí a unos trabajadores que estaban en una estación de bombeo de agua, pero nadie me dijo nada. 

Estuve allí un rato, hice alguna foto y volví a donde me esperaba Jaime para tomar el camino de regreso a Stepantsminda.

Aún quedaba sol y para aprovechar el día, tras una caminata de media hora llegué a una fuente de la que mana agua con gas de forma natural. Allí mismo la probé y además de estar buena, traía bastante sed de todo el recorrido anterior así que puedo constatar que el agua era buena, porque me sentó de maravilla.


Junto a la fuente, había un camión 4x4, equipado como autocaravana, del que salieron una pareja de alemanes, imagino que jubilados, porque decían que han estado seis meses recorriendo Siberia y se fueron porque se les acabó la visa, que era de 180 días. La mujer hablaba español, porque de joven estuvo viviendo en Madrid y el Las Palmas para aprender el idioma.

Aunque ya era tarde para comer y pronto para cenar, cuando llegamos al pueblo nos dieron de comer en un restaurante. Ahora es temporada baja y está todo casi vacío.

Para volver a Tiflis, decidimos hacerlo en una Mashrutka, que es un minibús, que aunque tienen horarios, en cuanto se llenan, suelen salir. Decidimos tomar la de las 10:00, así que cenamos algo y con tranquilidad nos fuimos a dormir después de tomar unos tés, que me estoy aficionando últimamente.

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